
Los electroimanes en su mayoría se componen de un núcleo metálico compuesto por una aleación de acero al silicio. Alrededor de ese núcleo se enrolla un alambre de cobre desnudo (protegido por una capa de barniz aislante) formando una bobina. La función del núcleo metálico es reforzar la intensidad del campo magnético que crea la bobina cuando ésta se encuentra energizada, o sea, conectada a una fuente de fuerza electromotriz (F.E.M.). De esa forma el núcleo de hierro se convierte en un electroimán.
El campo electromagnético que acompaña al núcleo metálico del electroimán provocará la aparición de un polo magnético diferente en cada uno de sus extremos: uno norte “N” y otro sur “S”, por lo que se comportará de la misma forma que lo hace un imán permanente.
Pequeño electroimán compuesto por un núcleo metálico rodeado por una bobina de muchas espiras o vueltas de alambre de cobre barnizado de muy poco grosor. El barniz protector que reviste el alambre evita que las espiras se pongan en contacto directo unas con las otras, quedando así protegidas de la formación de cortos circuitos que puedan llegar a quemar la bobina o dejarla inutilizada.Resulta evidente que un metal que haya quedado magnetizado de forma permanente, generalmente mantiene el magnetismo de forma indefinida y, por tanto, la propiedad de atraer otros metales, mientras que los que se magnetizan de forma temporal sólo conservarán un “magnetismo remanente” por un breve período de tiempo; pasado unos pocos segundos o minutos el magnetismo remanente se pierde por completo. Por último existen otros metales que no son atraídos ni afectados por el magnetismo, por lo que nunca quedan magnetizados.
La "magnetita" es el único imán permanente que se puede encontrar de forma natural en La Tierra. Constituye un mineral compuesto por un doble óxido denominado "tetraoxido de trihierro" u óxido ferroso-férrico", de fórmula química Fe3O4. O sea, un material formado por una combinación de óxido de hierro (Fe2O3) y óxido ferroso (FeO).
En la antigüedad la magnetita se utilizó ampliamente en la fabricación de las primeras brújulas que emplearon los navegantes para orientarse en las travesías marítimas alejadas de las costas.
Hoy en día este mineral tiene usos muy limitados, pues preferiblemente la industria emplea en la mayoría de los dispositivos que lo requieren, imanes permanentes que se obtienen de forma artificial.
Los minerales, aleaciones o elementos que son fuertemente atraídos por el campo magnético de un imán y que se pueden magnetizar para convertirlos en imanes permanentes se denominan “ferromagnéticos”. Entre estos se encuentran el hierro, hierro fundido, acero, cobalto, níquel y algunas de sus aleaciones. Otros que son atraídos débilmente por el imán y sólo se magnetizan por períodos cortos de tiempo se denominan “paramagnéticos”. Entre estos se pueden mencionar el aluminio, magnesio, estaño, platino, titanio, wolframio, manganeso y el oxígeno, entre otros. Por último existen otros minerales y elementos químicos que el campo magnético de un imán repele débil o completamente y nunca se magnetizan. Estos se denominan “diamagnéticos” y son los siguientes: cobre, plata, oro, mercurio, plomo, bronce, silicio, zinc, azufre, cloro y agua.